Mantenerse en el camino

Soy una adicta sexual desde hace dieciséis años, quince de los cuales he estado casada con el hombre con el que aún estoy. Me uní a ASA porque mi vida se había vuelto completamente ingobernable. Aunque corrí el riesgo de distanciar a mis hijos, de contraer SIDA y de perder a mi esposo seguí con la actuación sexual. Mi actuación constaba en entregarme sexual y emocionalmente a cualquiera que mostrara un interés en mí.  No tenía límites.

Ahora me doy cuenta de que mi adicción surge de lo que pasé cuando era niña. Fui víctima de incesto por mi padre desde que nací hasta los doce años de edad. Siento que nunca tuve una sexualidad sana. El incesto era una violación de mi sexualidad, de mi ser. Perdí de vista mis límites sexuales cuando se violaron una y otra vez. Mi amor inocente e incondicional de niña hacia mi padre me hizo confundir el amor con las relaciones sexuales.

Solamente sentía que me podían querer si me deseaban sexualmente. Tenía que ser una buena pareja sexual o de lo contrario me rechazarían y me abandonarían.

Crecí y viví con una vergüenza que alimentó mi adicción sexual, lo cual creaba más vergüenza.

Ir a ASA fue un punto decisivo en mi vida. Llevar a cabo los Doce Pasos, escuchar a los miembros de mi grupo compartir sus experiencias y consultar con ellos cuando necesitaba ayuda me dio mucha fortaleza y dirección. Después de que dejé las conductas de actuación pude definir y adoptar lo que son en realidad mis valores personales.

Esto es algo de lo que aprendí:

Antes: Las necesidades de los demás eran más importantes, aun si violaban las mías.
Ahora: Tengo derecho de establecer mis propios límites y de mantenerme dentro de ellos.

Antes: Tenía que ser sexual para que le agradara a otras personas; era el precio que había que pagar.
Ahora: Mi sexualidad me pertenece. Puedo decirle “No” a cualquiera que intente cruzar mis límites.

Antes: Busqué parejas sexuales para sentirme bien acerca de mí misma, aunque fuera de manera temporal, pero después solamente me sentía avergonzada y que no valía nada.
Ahora: Me valoro como persona, elevando mi autoestima al afirmar mis fortalezas y teniendo compasión de mí misma.

Antes: Aunque deseaba estar casada no podía ser fiel. Tenía una adicción sexual y estaba fuera de control.
Ahora: Con el amor que le tengo a mi esposo deseo cumplir con mi compromiso matrimonial y, sobre todo, deseo mantener una relación monógama.

Antes: Era una mentirosa compulsiva, una experta en engañar a los demás. Necesitaba proteger mi adicción a toda costa. Hasta me engañé a mí misma.
Ahora: Deseo ser honesta en todos los aspectos de mi vida, con los demás y especialmente conmigo misma.

Antes: La adicción sexual era mi Poder Superior. No pensé que pudiera vivir sin ella.
Ahora: Siento que no puedo tener una sexualidad sana si no soy espiritual. Saber que Dios (mi Poder Superior) está pendiente de mí marca la diferencia.

Creo que siempre supe lo que eran mis valores, pero como adicto racionalicé mis valores para proteger mi adicción sexual. Seguir mis valores personales me permite ser sexual, pero de una forma sana y de autoafirmación.

Aunque uno de mis valores es mantener una relación monógama con mi esposo, eso no significa que mi sexualidad será naturalmente sana como yo deseo que sea. Necesito recordar ciertas cosas:

Cuando sienta que sale la niña lastimada y necesitada que existe dentro de mí (la que creció sin un padre que estaba presente emocionalmente y prodigaba cuidados, la que confunde el amor con las relaciones sexuales) necesito cuidarla. Mi instinto natural me dice que lo haga a través de medios sexuales. Cuando me sienta así necesito identificarlo y decirle a mi esposo en voz alta – No me siento sexual ahora. Sólo necesito tu cercanía, que me abraces y saber que me quieres exactamente como soy. – Solía dar por sentado que él debía saber cómo me sentía, aun cuando en ocasiones ni yo misma lo sabía.

Después cuando teníamos relaciones sexuales, aunque las disfrutaba, terminaría llorando y no tenía la menor idea de por qué.

No me permito tener fantasías acerca de otras personas cuando estoy teniendo relaciones sexuales con mi esposo. Las fantasías eran una conducta de actuación dentro de mi matrimonio. Para mí las fantasías aumentan mi sexualidad poco sana.

Por ahora la masturbación no es parte de mi vida a menos que la comparta con mi pareja. La masturbación ocupaba una gran parte en mi adicción sexual. Hasta que conozca por qué era una compulsión para mí la he eliminado.

En ocasiones identifico una cierta caricia en un tiempo dado con las caricias sexuales de mi padre. Es peligroso que yo permanezca en esta situación – son como recuerdos involuntarios. Necesito centrarme dándome cuenta de cuál es el tiempo presente y con quién estoy.

Antes de la recuperación mis sentimientos después de las relaciones sexuales eran totalmente diferentes de lo que son ahora. Aunque la actuación se sentía placentera, como un “sentimiento de satisfacción,” después me sentía aislada y sola. Tenía ataques de vergüenza y entraba en depresión hasta el siguiente “remedio.” Ahora siento una conexión real dentro de mí misma.

Siento mucho amor por mi esposo antes, durante y después de tener relaciones sexuales con él. Decido tener relaciones sexuales por deseo, no porque tengo una necesidad apremiante. Mi autoestima crece después de que nos unimos e intercambiamos como seres sexuales.

Estoy segura que voy por el camino correcto hacia una sexualidad sana. No siempre tengo las respuestas, pero hablar con mi grupo de ASA me ayuda a mantenerme siempre por el camino correcto. Necesito compartir los problemas que tengo y cómo mi avance ha afectado mi vida y mi familia. Es de gran utilidad para mí recibir los comentarios de los otros adictos sexuales. Estoy segura que no me van a juzgar porque todos compartimos un objetivo en común: alcanzar una sexualidad más sana.