SAA ha sido el punto de cambio

Soy adicto al sexo, en particular, a los desnudos y pornografía a través de internet. Tienen un poder irresistible, pese a que cuando la veo y me masturbo termino sintiéndome mal. Con los años he entendido que no es simplemente que tenga mucha energía sexual, como alguna vez me dijo una psiquiatra. A base de largas y repetidas sesiones de imágenes, creo que he distorsionado un instinto natural para convertirlo en otra cosa, un escape de la vida real, mi venganza preferida ante los problemas de la vida, el único premio que me interesa cuando algo sale bien. Aunque parezca una contradicción, creo que mi adicción al sexo no tiene nada que ver con el sexo, en el sentido tradicional del término. Lo que lo dispara no es una atracción natural por una persona, más bien son mis emociones mal gestionadas, mi interpretación claramente inmadura de la vida, pese a tener más de 45 años.  

Lo que más me llama la atención de lo que ocurre en mí en relación con esta adicción es la facilidad con la que me miento y la poca resistencia que soy capaz de aplicar ante la idea de volver a ver, siendo que he experimentado el arrepentimiento por mis conductas cientos, tal vez miles de veces. Cuando parece que he tomado la firme decisión de no volver a hacerlo, normalmente inmediatamente después de una borrachera visual de imágenes y masturbación, incomprensiblemente la justificación más débil es suficiente para repetir todo el ciclo de nuevo. Es como si no tuviera fuerza de voluntad. 

A veces siento que es como si yo fuera dos personas diferentes. Cuando empiezo a ver, el mundo real desaparece, lo único que importa, la única motivación, lo único que parece existir es una especie de búsqueda existencial por la imagen perfecta, de la persona perfecta, de la edad perfecta, en la posición perfecta. Por difícil que parezca, a veces la encuentro, pero la felicidad me dura poco, pues vuelve a instalarse en mi mente la idea de que puedo encontrar una imagen mejor, tal vez de la misma persona o de otra y así puedo pasar todo un día o dos, no dormir para seguir buscando. En ocasiones, hasta levantarme al lavabo me parece una pérdida de tiempo, como si las imágenes se fueran a ir. El estado de intoxicación (casi como un zombi) me da la fuerza necesaria para pasar muchas horas sin comer. Cuando estoy en ese estado, lo único que deseo es poder pasarme toda la vida buscando y viendo. Cuando al final me masturbo, el descenso a la realidad es muy rápido, a diferencia de lo que sucedía con las drogas. De golpe, vuelvo a ser consciente de lo que tengo al mi alrededor. Me doy cuenta de las horas que he perdido, de los riesgos que he corrido. Me doy cuenta de que he vuelto a cometer el mismo error. Puedo en ese momento de claridad volver a ser yo y desear cambiar, pero al poco tiempo, vuelve a colocarse en la sala de control de mi cabeza el otro yo y todo comienza de nuevo. Las excusas más tontas son válidas si el objetivo es justificar volver a ver. En algún momento, cuando era más que evidente para mí que ya no podía seguir igual, la idea que derrumbó mis firmes deseos de parar fue: “Como ya voy a parar para siempre, lo único que tiene sentido es volver a ver hoy”. Esa excusa la utilice muchas veces más en los siguientes años de mi adicción.  

Aunque he tenido problemas de adicción al alcohol, al tabaco, a las drogas, a las compras, haciendo un análisis de mi vida me he dado cuenta que la primera adicción que tuve fue la del sexo. 

Con el tiempo, comencé a asistir a reuniones de SAA.  Yo ya conocía los programas de 12 pasos, pues había logrado parar de beber asistiendo a un grupo de Alcohólicos Anónimos, pero igual me daba temor lo que podría encontrar ahí. Esos temores resultaron infundados. Hoy algunos de mis mejores amigos son del grupo, gente a la que prácticamente considero mi familia.  

En SAA he encontrado el apoyo de personas que tienen problemas similares a los míos y con eso no me refiero al tipo de prácticas sexuales, sino a personas que experimentan ese mismo estado de confusión e incapacidad de resistir a deseos que les hacen daño. 

Algo que me gusta del grupo es que no me invitan a dejar el sexo, pues el sexo no es el problema, sino a dejar las conductas que no son sanas, para poder disfrutar de una vida sexual plena. 

Me gusta el programa de recuperación que ofrece SAA basado en intentar ser honesto, ayudar a otras personas, mantener un inventario de mis acciones, entre otras cosas.  

Aunque no ha sido sencillo para mí, por repetir las palabras de un compañero del grupo, si antes la adicción era el mar y los periodos de bienestar eran pequeñas islas, al asistir al grupo esto se ha invertido. Para mí lo normal ahora es no repetir las conductas sexuales que me hacen sentir mal. Sin duda, esto se lo debo a la ayuda del grupo de SAA. 

Mantenerse en el camino

Soy una adicta sexual desde hace dieciséis años, quince de los cuales he estado casada con el hombre con el que aún estoy. Me uní a ASA porque mi vida se había vuelto completamente ingobernable. Aunque corrí el riesgo de distanciar a mis hijos, de contraer SIDA y de perder a mi esposo seguí con la actuación sexual. Mi actuación constaba en entregarme sexual y emocionalmente a cualquiera que mostrara un interés en mí.  No tenía límites.

Ahora me doy cuenta de que mi adicción surge de lo que pasé cuando era niña. Fui víctima de incesto por mi padre desde que nací hasta los doce años de edad. Siento que nunca tuve una sexualidad sana. El incesto era una violación de mi sexualidad, de mi ser. Perdí de vista mis límites sexuales cuando se violaron una y otra vez. Mi amor inocente e incondicional de niña hacia mi padre me hizo confundir el amor con las relaciones sexuales.

Solamente sentía que me podían querer si me deseaban sexualmente. Tenía que ser una buena pareja sexual o de lo contrario me rechazarían y me abandonarían.

Crecí y viví con una vergüenza que alimentó mi adicción sexual, lo cual creaba más vergüenza.

Ir a ASA fue un punto decisivo en mi vida. Llevar a cabo los Doce Pasos, escuchar a los miembros de mi grupo compartir sus experiencias y consultar con ellos cuando necesitaba ayuda me dio mucha fortaleza y dirección. Después de que dejé las conductas de actuación pude definir y adoptar lo que son en realidad mis valores personales.

Esto es algo de lo que aprendí:

Antes: Las necesidades de los demás eran más importantes, aun si violaban las mías.
Ahora: Tengo derecho de establecer mis propios límites y de mantenerme dentro de ellos.

Antes: Tenía que ser sexual para que le agradara a otras personas; era el precio que había que pagar.
Ahora: Mi sexualidad me pertenece. Puedo decirle “No” a cualquiera que intente cruzar mis límites.

Antes: Busqué parejas sexuales para sentirme bien acerca de mí misma, aunque fuera de manera temporal, pero después solamente me sentía avergonzada y que no valía nada.
Ahora: Me valoro como persona, elevando mi autoestima al afirmar mis fortalezas y teniendo compasión de mí misma.

Antes: Aunque deseaba estar casada no podía ser fiel. Tenía una adicción sexual y estaba fuera de control.
Ahora: Con el amor que le tengo a mi esposo deseo cumplir con mi compromiso matrimonial y, sobre todo, deseo mantener una relación monógama.

Antes: Era una mentirosa compulsiva, una experta en engañar a los demás. Necesitaba proteger mi adicción a toda costa. Hasta me engañé a mí misma.
Ahora: Deseo ser honesta en todos los aspectos de mi vida, con los demás y especialmente conmigo misma.

Antes: La adicción sexual era mi Poder Superior. No pensé que pudiera vivir sin ella.
Ahora: Siento que no puedo tener una sexualidad sana si no soy espiritual. Saber que Dios (mi Poder Superior) está pendiente de mí marca la diferencia.

Creo que siempre supe lo que eran mis valores, pero como adicto racionalicé mis valores para proteger mi adicción sexual. Seguir mis valores personales me permite ser sexual, pero de una forma sana y de autoafirmación.

Aunque uno de mis valores es mantener una relación monógama con mi esposo, eso no significa que mi sexualidad será naturalmente sana como yo deseo que sea. Necesito recordar ciertas cosas:

Cuando sienta que sale la niña lastimada y necesitada que existe dentro de mí (la que creció sin un padre que estaba presente emocionalmente y prodigaba cuidados, la que confunde el amor con las relaciones sexuales) necesito cuidarla. Mi instinto natural me dice que lo haga a través de medios sexuales. Cuando me sienta así necesito identificarlo y decirle a mi esposo en voz alta – No me siento sexual ahora. Sólo necesito tu cercanía, que me abraces y saber que me quieres exactamente como soy. – Solía dar por sentado que él debía saber cómo me sentía, aun cuando en ocasiones ni yo misma lo sabía.

Después cuando teníamos relaciones sexuales, aunque las disfrutaba, terminaría llorando y no tenía la menor idea de por qué.

No me permito tener fantasías acerca de otras personas cuando estoy teniendo relaciones sexuales con mi esposo. Las fantasías eran una conducta de actuación dentro de mi matrimonio. Para mí las fantasías aumentan mi sexualidad poco sana.

Por ahora la masturbación no es parte de mi vida a menos que la comparta con mi pareja. La masturbación ocupaba una gran parte en mi adicción sexual. Hasta que conozca por qué era una compulsión para mí la he eliminado.

En ocasiones identifico una cierta caricia en un tiempo dado con las caricias sexuales de mi padre. Es peligroso que yo permanezca en esta situación – son como recuerdos involuntarios. Necesito centrarme dándome cuenta de cuál es el tiempo presente y con quién estoy.

Antes de la recuperación mis sentimientos después de las relaciones sexuales eran totalmente diferentes de lo que son ahora. Aunque la actuación se sentía placentera, como un “sentimiento de satisfacción,” después me sentía aislada y sola. Tenía ataques de vergüenza y entraba en depresión hasta el siguiente “remedio.” Ahora siento una conexión real dentro de mí misma.

Siento mucho amor por mi esposo antes, durante y después de tener relaciones sexuales con él. Decido tener relaciones sexuales por deseo, no porque tengo una necesidad apremiante. Mi autoestima crece después de que nos unimos e intercambiamos como seres sexuales.

Estoy segura que voy por el camino correcto hacia una sexualidad sana. No siempre tengo las respuestas, pero hablar con mi grupo de ASA me ayuda a mantenerme siempre por el camino correcto. Necesito compartir los problemas que tengo y cómo mi avance ha afectado mi vida y mi familia. Es de gran utilidad para mí recibir los comentarios de los otros adictos sexuales. Estoy segura que no me van a juzgar porque todos compartimos un objetivo en común: alcanzar una sexualidad más sana.

Esto es lo que funciona

La mejor forma de describir mi adicción sexual activa es que era como agua que fluye por una colina. Mis conductas siempre parecían tomar el camino de la menor resistencia. Hubo momentos en que mi forma principal de actuar era con prostitutas de la calle. En otras ocasiones hubo librerías para adultos y líneas telefónicas de fiesta para adultos. Exhibiciones indecorosas, clubes de swingers, anuncios personales y el Internet eran todos parte del alcance de mi adicción sexual adictiva. Generalmente era una combinación de estas conductas. Si andaba corto de dinero llegaba en mi automóvil y me exhibía ante las prostitutas o ante una pobre mujer en el automóvil enseguida del mío. Si tenía restricciones de tiempo hacía un viaje rápido a la librería para adultos. Si tenía el día libre podía actuar tres o cuatro veces. Actuaba la mayoría de las veces, si tenía la oportunidad. Hasta ahora no se por qué nunca me arrestaron.
Mis conductas del círculo interior son cualquier acto sexual fuera de mi matrimonio, exhibiciones indecorosas, voyeurismo, relaciones sexuales por teléfono y el sexo cibernético. El primer punto en la lista incluye muchas conductas.

Existen algunas acciones que yo identifico como conductas del círculo medio, tales como coquetear y pasear con toda intención por negocios de explotación sexual y áreas donde se congregan las prostitutas. Estas conductas del círculo medio tienden a darme una euforia a pequeña escala sin el peligro y la descarga de adrenalina de la actuación. Cuando participo en dichas conductas
lo comparto con mi patrocinador o lo menciono en una junta. El noventa por ciento del tiempo en que participo en conductas del círculo medio es porque estoy enojado sobre algo, lastimaron mi ego o me tengo lástima a mi mismo. Al trabajar en esto con mi patrocinador o algún otro miembro del programa llego al fondo de lo que en realidad me está molestando y deja el camino libre a una vida sana. Estos límites, mis círculos interior y medio, tratan con mis conductas y no mis pensamientos. Si yo colocara mis pensamientos dentro de los límites me estaría augurando un fracaso.

Con el paso de los años mi adicción sexual se agravó porque requería de conductas más escandalosas y de mayor riesgo para darme la euforia que yo buscaba. Para cuando alcancé la sobriedad en ASA a la edad de treinta y cuatro años ya había tenido relaciones sexuales con más personas de las que podía contar, había actuado con cientos de prostitutas, había perdido oportunidades de carrera y había gastado más de cincuenta mil dólares debido a mi adicción sexual. Además de esto, dejé una estela de muchas mujeres lastimadas, tiempo lejos de mis hijos y de mi matrimonio y había perdido productividad en el trabajo.

Yo llevaba quince años de sobriedad del alcohol cuando me uní a Adictos Sexuales Anónimos. Participaba activamente en una confraternidad de doce pasos, había llevado a cabo los pasos muchas veces, hacía trabajo de servicio, asistía con regularidad a las juntas y tenía un patrocinador y patrocinaba gente. Pero mi doble vida de la adicción sexual me estaba acabando lentamente.
La última ocasión en que actué fue hace dos años y medio. Le dije a mi esposa que iba a una ferretería. Me fui a un “spa/salón de masaje” y caí en la actuación. En el camino a casa tomé la decisión de unirme a un programa de doce pasos para la adicción sexual. Busqué en el Internet y ASA fue el primero en aparecer. Tres días después asistí a mi primera junta. Para el final de la junta sabía que me encontraba en el lugar indicado. No era lo que compartían las personas, sino la forma en qué lo hacían. Yo sabía que estaba con personas que tenían la seria intención de mejorarse.

La vergüenza y la culpa no tuvieron nada que ver con mi decisión de recuperarme de mi adicción sexual. No estaba pensando en las personas a las que yo había lastimado, ni siquiera de cómo me lastimaba a mi mismo. Tomé la decisión para recuperarme porque me sentía como un ratón en un laberinto, enfrascado en un círculo vicioso. Tuve que admitir al fin que era adicto a prácticas sexuales peligrosas y compulsivas.

Desde que me uní a ASA, no he practicado mis conductas del círculo medio. La recuperación en ASA ha sido sencilla, pero también es lo más difícil que he tenido que hacer. Estoy en contacto con mi patrocinador cuando menos dos veces por semana. También asisto a la misma junta de ASA cada semana, llueva, truene o relampaguee. Me mantengo activo en el inter-grupo local y he sido patrocinador de muchos hombres. He llevado a cabo tres Primer Pasos formales; el último me llevó dos juntas de noventa minutos cada una en terminar. Mi programa no es perfecto de ninguna manera, pero lentamente avanzo para mejorar y me he mantenido dentro de mis límites, aunque en ocasiones dejo que mis pies toquen el borde.

Así como mi adicción activa era progresiva, también mi recuperación activa es progresiva. Soy un mejor esposo, padre, empleado, amigo y ciudadano de la comunidad. Me cuido bien física, mental y espiritualmente.
Aunque no soy miembro de ninguna organización religiosa estoy en un camino espiritual en donde tengo un contacto consciente de Dios. Como miembro de ASA, soy igual a todos los demás miembros, sin importar la educación, estatus social y duración de la abstinencia. La persona que acaba de entrar por la puerta es tan miembro como el hombre o mujer que llevan más de una década de sobriedad sexual.

Si usted es nuevo en esta confraternidad, espero que usted siga adelante con el programa. Encontrará que una vida sin la actuación es sin lugar a dudas una mejor vida. Si yo puedo hacer esto, usted también puede. Asista a las juntas, aun después de que “se mejore.” Confíe en Dios, deseche lo que no le sirva y ayude a los demás. Eso es lo que me ha funcionado a mí. En mi punto de vista, ASA se trata de conocer unas herramientas metafísicas simples, conectarse a un Poder Superior de forma diaria y vivir una vida libre de la adicción. Estas son cosas que no podemos aprender al leer libros. La mejor forma de recuperarnos es haciéndolo.